Cómplices

Viernes, 15 de abril de 2011

Hoy dedicado a Alena Collar, cuya sensibilidad se ha emparejado a la mía,
y se me ha adelantado con este texto que es una hermosa oración a la vida…
Luz frágil, luz delicada, luz quebradiza de puro transparente, luz infantil, tan inocente que hasta la sombra tenía miedo de oscurecerla. Supongo que habrán sucedido muchas cosas, tantas, en esta jornada… Supongo que en el mundo habrá habido de todo como siempre. Sé que el dolor y el llanto habrán continuado con su tenaz labor sobre los corazones desprotegidos (ay, tan frágiles como esta luz). Sé que los músculos enceguecidos de los poderosos habrán continuado aplastando a las hormigas hambrientas y famélicas. Mas, permitidme hoy un descanso, un breve respiro, porque nada será comparable a esta luz de hoy, a ése ser esencia de lo diáfano, sin más aditivos, ni uno solo…
Como si el aire no fuera aire, sino orla de la luz, como cuando la vibración de las cuerdas de una guitarra es el borde de la música…
Mis ojos –hoy como niños felices- no han hecho otra cosa al cabo del día que jugar a columpiarse sobre sus trenzas, para descubrir y alimentarse de esa fragilidad, de esa delicadeza, de esa transparencia, de tanta inocencia para ver si mi venero se viste con sus prendas…